Reina de México,
mi Virgen morena,
la que lleva en su piel el color de la tierra,
la tez de sus hijos que la adoran.
Mi hermosa Guadalupana,
hoy te ofrezco mis versos,
mi amor y mi devoción,
porque en tu vientre fue concebido
nuestro amado Jesucristo,
el Hijo de Dios.
El doce de diciembre es tu día,
mi Virgen morena.
Los mexicanos te celebramos
con cohetes, peregrinaciones y alegría,
con ese júbilo que nos define
por haber nacido en estas tierras
bendecidas por tu presencia.
Tus hijos te amamos,
te veneramos,
y elevamos nuestras oraciones
para que, en este día tan sagrado,
abras tus brazos
y cobijes a todos los que te invocan.
Madre nuestra,
Lupita querida,
así te llamamos
los que somos tus hijos consentidos,
los que llevamos en la sangre
la herencia de la raza azteca.
Con tu bendición y tu amparo,
hemos resistido,
hemos defendido nuestra tierra,
y hemos salido adelante
ante quienes han querido arrebatárnosla.
Hermosa Virgen morena,
nunca olvides a tus hijos mexicanosReina de México,
mi Virgen morena,
la que lleva en su piel el color de la tierra,
la tez de sus hijos que la adoran.
Mi hermosa Guadalupana,
hoy te ofrezco mis versos,
mi amor y mi devoción,
porque en tu vientre fue concebido
nuestro amado Jesucristo,
el Hijo de Dios.
El doce de diciembre es tu día,
mi Virgen morena.
Los mexicanos te celebramos
con cohetes, peregrinaciones y alegría,
con ese júbilo que nos define
por haber nacido en estas tierras
bendecidas por tu presencia.
Tus hijos te amamos,
te veneramos,
y elevamos nuestras oraciones
para que, en este día tan sagrado,
abras tus brazos
y cobijes a todos los que te invocan.
Madre nuestra,
Lupita querida,
así te llamamos
los que somos tus hijos consentidos,
los que llevamos en la sangre
la herencia de la raza azteca.
Con tu bendición y tu amparo,
hemos resistido,
hemos defendido nuestra tierra,
y hemos salido adelante
ante quienes han querido arrebatárnosla.
Hermosa Virgen morena,
nunca olvides a tus hijos mexicanos.
Hoy, y todos los días de nuestra vida,
te veneramos con el alma.
En los momentos difíciles,
tu nombre pronunciamos
y al cielo clamamos tu ayuda.
Porque sabemos
que en tu mirada hay consuelo,
y en tu manto…
refugio eterno.
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Hoy, y todos los días de nuestra vida,
te veneramos con el alma.
En los momentos difíciles,
tu nombre pronunciamos
y al cielo clamamos tu ayuda.
Porque sabemos
que en tu mirada hay consuelo,
y en tu manto…
refugio eterno.
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