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jueves, 26 de marzo de 2026

Pobres gobernantes

 Pobres de aquellos gobernantes que, en su afán por conquistar el mundo, terminan perdiéndose a sí mismos.

¿De qué sirve la riqueza cuando el cuerpo yace frío, amortajado, enfrentando el juicio de Dios?


En su intento por ganar, pierden el alma.

Cargan con vidas humanas, con silencios que gritan, con memorias que los alcanzarán en la hora final.

Querrán volver atrás, deshacer decisiones, borrar el dolor… pero ya será tarde.


El Redentor lo advirtió:

No pretendas conquistar el mundo, porque llegará el día en que ya no formarás parte de él.


No habrá gritos ni llanto que valgan.

No habrá arrepentimiento suficiente.


Porque al buscar gloria y riqueza, perdieron lo único verdaderamente suyo: el alma.


La gloria de Dios es infinita, pero la avaricia que arrebata vidas humanas deja una huella que no se borra.


No más guerras.

No más muertes.


Es tiempo de amar, de perdonar, de vivir en paz.

De ser como aquellos hombres y mujeres de bien que trabajan en silencio, que aman sin medida, y que al partir lo hacen rodeados de amor… para descansar en paz.


Reflexiona.

No pierdas lo más por lo menos.

Porque esta vida no es eterna…

y cuando termine, ojalá puedas irte en paz.


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