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viernes, 9 de junio de 2017

Adiós a tu recuerdo

Ayer destruí la cadenita con la imagen de la virgen que me regalaste.
Cuando cumplí catorce años, tu mismo sobre mi cuello la colocaste.
Pareciera que la tuve conmigo por siglos, al igual que tu recuerdo.
Finalmente me deshice de ella, como espero hacerlo con tu memoria.
Jalé fuertemente sus eslabones, uno a uno cayeron frente a mis pies.
Ni siquiera quise juntar los pedazos con mis propias manos.
Tomé un recogedor y los arrojé sobre el cesto de la basura.
Tantos años conservándola conmigo, vivió todos mis infortunios.
Cuando estaba triste, la sacaba de la cajita donde la guardaba.
La tomaba entre mis manos, Inevitablemente siempre lloraba.
La apretaba fuerte contra mi pecho, como si fuera una parte de ti.
En los momentos más dolorosos de mi vida tan solo verla me consolaba.
Siempre en cada momento importante de mi vida, de la cajita la sacaba.
Besaba la imagen, cerraba mis ojos y entre mis párpados tu imagen se reflejaba
Invariablemente al recordarte, mi mirada siempre de lágrimas se empañaba.
Pero, ayer al convencerme que no habría reencuentro, que nunca más volvería a verte.
Finalmente me deshice de ella, sin lágrimas, sin pensamientos, sin remordimientos.
Siempre soñé que al volver a mirarte la luciría en mi cuello, y te sorprendería con ello.
Porque de esa forma te demostraría que siempre te amé, que tu recuerdo era sagrado.
Siempre recordé como temblaban tus manos cuando sobre mi cuello me la colocaste.
Hoy sé que nunca mas podré de nuevo encontrarte, por eso eliminé tu último recuerdo.
Como espero alguna vez aniquilar este sentimiento de amor inmenso que aún por ti siento.
Espero que el viento frío de la mañana se lleve tu remembranza, tu imagen y tus palabras.
Para que el olvido traiga alivio a mi alma, al echar a la basura tu inútil añoranza.